Preocupa el aumento del consumo y la venta en Cañuelas
Preocupa a las autoridades policiales el sostenido aumento en la venta al menudeo de “bolsitas de cocaína”, del mismo modo que preocupa a los profesionales de la salud y funcionarios del Gobierno Municipal el aumento del consumo.

Si bien de los años 2010 al 2019 se había prácticamente duplicado, los años 2020 y 2021 mostraron un aumento permanente del consumo que llega a un 40% estimado para distritos del tercer cordón como Cañuelas. Esto, aseguran, es producto de las restricciones impuestas por la pandemia. El encierro, la falta de socialización, la incertidumbre, pero también la pérdida del empleo por cierres de comercios y pymes, y la consiguiente falta de expectativas y futuro produjeron una marcada agudización de todas las conductas adictivas (alcohol, drogas ilegales, ocio, tele adicción, etc.).
En este contexto aún más complejo por los fuertes incrementos de la pobreza, la indigencia y la inseguridad, nuestra ciudad no escapa a los flagelos del conurbano bonaerense.
Funcionarios de la Policía de la Provincia de Buenos Aires que investigan y monitorean el accionar del narcotráfico, coinciden en señalar que en Cañuelas ha aumentado la cantidad de pequeños vendedores de droga. De hecho se han llevado a cabo en los últimos meses operativos destinados a desbaratar estas bandas.
El tráfico al menudeo tiene hoy dos o tres peldaños de comercialización hasta llegar al último consumidor. “El distribuidor” o intermediario que generalmente no es de Cañuelas. Viene de paso a esta ciudad y otras vecinas como Lobos, Monte, Las Heras o Navarro. Le entrega a los “transas barriales” que venden a los “reventas o transitas” o directamente a los que la consumen. En promedio uno de estos barriales tiene en su poder ni bien recibe “de arriba”, unas cien a doscientas dosis de cocaína.
El último escalón, que además es el que más se incrementa es el de “los transitas”. Les llaman así por el pequeño nivel de venta y de tenencia. Nunca la policía le va a encontrar más de “10 o 20” bolsitas, porque no tienen poder económico para más. Además el hecho de que cada vez son más reduce el mercado de cada uno, y su “barrio” de venta es cada vez más pequeño. No obstante al aumentar el consumo cada día hay más compradores. La ecuación es sencilla: Más consumidores en el mismo barrio, significa más vendedores. Por lo tanto no aumenta la venta de cada transita sino que por mantenerse, se achica la zona geográfica pero se agranda la lista de clientes.
La producción o corte es realizado con químicos cada vez más perjudiciales, ya para bajar costos y aumentar ganancias, o para captar consumidores que no acceden económicamente a “la buena”. Un dato que ha llamado la atención de los investigadores, es que este mercado hoy cuenta entre sus clientes (consumidores) a personas de un rango de edad algo mayor al que se veía unos pocos años antes. Distinto al caso de la marihuana que es consumida mayormente por jóvenes de menos de 40 años, la cocaína tiene entre sus compradores a adultos de entre 25 y 45 años de edad. Aumenta la demanda y también la oferta. En los barrios más alejados del centro de la ciudad, aumentan los “vendedores callejeros” provistos por los productores que también se incrementan en el AMBA.
Otro dato llamativo que se incorpora a las conductas relacionadas con estas sustancias y su consumo, es advertido en ámbitos oficiales. Si bien aún en pequeña escala, las bolsitas de cocaína se usan en algunos casos como moneda de cambio entre consumidores, y entre éstos y no consumidores. Venta de artículos de uso cotidiano como celulares, parlantes o bicicletas, se compran y venden en un reducido conglomerado marginal, cotizados en “bolsitas”.
Hasta el sexo como servicio se realiza en muchos casos a cambio de la droga. En esto más que en otras acciones, se mezcla la pobreza, el desempleo y las adicciones. Cóctel explosivo que le agrega mayor riesgo al consumo de sustancias psicoactivas.
Sobre esta inquietante realidad no se advierte una notoria presencia del Estado. Al aumento en el consumo y en la venta de drogas en general y cocaína en particular, no se opone una proporcional cantidad de bandas desbaratadas o cantidades de drogas secuestradas. En cuanto a la prevención no registramos acciones profundas y efectivas. No hay difusión. No sabemos tampoco qué porción del narcotráfico grande tiene vinculaciones con poderes o sectores políticos. En fin… no se percibe que se revierta una tendencia que desgrana a la sociedad. Que se ha convertido en un nuevo factor de disgregación y ruptura social, a la que como a tantas otras, se va naturalizando.
