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EL TEMA ES MÁS AMPLIO Y COMPLEJO QUE UN MERO DELITO

Sin ser especialistas en sociología, psicología social, y en general de ninguna de las ciencias que pueden estudiar la conducta de las personas y el comportamiento de los grupos, no podemos menos que haber quedado lamentablemente exasperados ante la brutal, salvaje y cobarde agresión sufrida por el Dr. Norberto Moldes en la madrugada del primer día del año. Casi no importa volver a mencionar el contexto y los sucesos que desencadenaron los golpes sufridos que le produjeron un traumatismo de cráneo y la desfiguración del rostro. Y no importa porque nada justificaría una reacción como la sufrida por el médico. También podría pensarse que los recientes enfrentamientos entre pandillas resulte tener orígenes similares. Es probable.

Se nos ocurrió pedir ayuda a la IA (inteligencia artificial) para intentar una explicación y un sustantivo que identifique el accionar de estos inhumanos. Y llegamos a encontrar la palabra que, creemos, sintetiza los hechos de la mejor forma: BARBARIE. y buscamos partiendo de la premisa de que estamos convencidos que el suceso no puede atribuirse a falta de prevención, de política de seguridad ni falta de patrulleros o personal de seguridad. Más allá que no faltarán quienes no sientan vergüenza y quieran utilizarlo con fines “non sanctos” esto no es inseguridad. Esto no tiene que ver con la política de seguridad más allá de lo que cada uno opine de ella.

Partimos precisamente del supuesto de que barbarie no es inseguridad. Y le consultamos a IA que nos respondió: La violencia extrema y la crueldad (barbarie) son fenómenos distintos a la simple falta de seguridad, implicando que la barbarie es una degradación moral o social que trasciende la mera estadística criminal, afectando la civilización misma, y requiere soluciones profundas más allá de lo policial, apelando a la ética y los derechos humanos para evitar una política del miedo que lleve a la deshumanización, como advierte Amnistía Internacional. 

La inseguridad es una sensación de vulnerabilidad o falta de confianza (personal o pública), a menudo ligada al miedo al crimen, afectando la libertad y el desarrollo, pero puede ser manejada con estrategias, inteligencia y respeto a derechos fundamentales. En cambio barbarie implica una pérdida de humanidad, crueldad absoluta, desprecio por la civilización y los derechos, como la tortura o la desaparición forzada, que son puertas a horrores mayores y que exigen un debate ético y no solo policial. 

La barbarie no se combate solo con más fuerza, sino con un enfoque que entienda causas sociales, culturales y políticas, promoviendo la civilidad y el respeto por los derechos humanos. La frase ayuda a distinguir entre un problema de seguridad que necesita orden y método, y una regresión social profunda que amenaza los cimientos de una sociedad. En resumen, la afirmación es un llamado a no confundir la gestión de la seguridad pública con la amenaza de caer en la barbarie, recordando que esta última es una degradación civilizatoria que exige una respuesta ética y no solo reactiva. 

Creemos exacta las explicaciones halladas. No habría que confundir el diagnóstico porque ello siempre lleva a soluciones equivocadas y, quizá también, a alimentar la fogata. En cuanto a qué factores pueden llevar a grupos violentos o patotas a llevar a cabo una agresión como la que nos ocupa encontramos entre muchos otros.

  • Consumo de sustancias: El abuso de alcohol y drogas es un factor de riesgo recurrente que reduce el autocontrol e incrementa la impulsividad.
  • Cultura de la impunidad: La percepción de que no habrá castigo legal o social inmediato facilita que la agresión escale a niveles brutales.
  • Baja tolerancia a la frustración: Pequeñas discusiones previas o «roces» suelen actuar como detonantes de una «venganza» desproporcionada. 
  • Deshumanización de la Víctima: Para que un grupo pueda atacar a un individuo hasta desfigurarlo, ocurre un proceso mental donde la víctima deja de ser vista como una persona y pasa a ser percibida como un objeto o un enemigo que carece de dignidad. Esto anula la empatía de los agresores y les permite continuar el ataque incluso cuando el hombre está indefenso o desmayado. 

Obviamente no es nuestra ni la responsabilidad ni la posibilidad de ensayar soluciones. Pero sí creemos que deben estar todos los actores sociales, culturales, políticos y sanitarios a la altura de las circunstancias, juntarse con genuinas intenciones de mejorar las cosas y renunciando a la posible tentación de sacar provecho.