LA SECRETARIA DE COMERCIO LE DIO UNA AYUDA PARA BAJAR LOS PRECIOS DE LA HARINA DE $ 1.000.000.000
¿El subsidio más grande de la historia? Molinos Cañuelas cobró 1.100 millones de pesos frente a la mirada incrédula de todos sus competidores, que sospechan de favoritismo

El gobierno, a través de un fideicomiso sospechado de haber sido armado para favorecer a una sola empresa molinera, pagó el viernes a Molino Cañuelas la grandiosa suma de 1.100 millones de pesos, equivalentes a unos 9,5 millones de dólares. Posiblemente nunca antes en la historia de la Argentina haya habido una transferencia de dinero tan grande y tan veloz desde el sector público a un operador privado.
El pago se produjo ante la atónita mirada del resto del sector molinero, que se opuso al mecanismo considerando que no servirá para lo que se supone que se creó: bajar los precios del pan común que come la población.
Cuando hace diez días las tres cámaras de la industria molinera argentina manifestaron en público -cada una con su respectivo comunicado- su oposición al funcionamiento del FETA (Fondo Estabilizador del Trigo Argentino), nadie pensó que el funcionario responsable de idear y estructurar ese mecanismo, el secretario de Comercio, Roberto Feletti, avanzaría de modo tan rápido y tan decidido en los desembolsos. En especial, porque el rechazo de todo el sector implicó dejar en evidencia lo que todos sospechan: que este fideicomiso triguero es en realidad una maniobra para ayudar a una sola empresa, Molino Cañuelas, que arrastra un fortísimo pasivo.
Pero sucedió y las sospechas se multiplicaron de inmediato: de los casi 1.400 millones de pesos que Comercio Interior informó haber pagado, más de 80% fue a parar a una cuenta de Molinos Cañuelas, tal como se confirma en este comprobante de transferencia que llegó a manos de algunos periodistas. Por lo menos en el sector agroalimentario argentino no se conocía una transferencia de semejante magnitud: Fueron exactamente 1.098.951.866,38 pesos que a las 14,52 del viernes cambiaron de manos: pasaron de la cuenta del Fideicomiso estatal (que se supone se financia con recursos del aumento de las retenciones a los derivados de la soja) a la cuenta corriente de Molinos Cañuelas en el Banco Supervielle.
¿Y cuál es el problema? En principio que hay un universo de 160 molinos de los cuales solo 3 adhirieron al régimen impulsado por Feletti, que públicamente propone subsidiar fuertemente el precio del trigo destinado al mercado interno para así lograr una rebaja de los precios del pan. Y de los tres empresas que adhirieron, hay dos que son parte del mismo grupo económico (Cañuelas y Molinos Florencia), mientras que la tercera empresa en danza (Molisud) es un pequeño molino de Jacinto Arauz que tiene poca capacidad de molienda (unas 2.000 toneladas mensuales) y apenas mueve la aguja.
En segundo término, que Cañuelas es un grupo que tienen elevadas deudas con el Estado y con el sector privado. Ingresó en convocatoria de acreedores con un pasivo reconocido por más de 1.300 millones de dólares, una suma que incluía hasta septiembre de 2021, cuando intervino la justicia comercial, la friolera de 2.874 millones de pesos de deuda fiscal y previsional. Pudo ingresar al fideicomiso porque el reglamente del mismo definía que esas eran deudas “no exigibles”, pero a la vez imponía a todo el resto del sector que presentaran a un situación impoluta ante el Fisco si quería acceder al programa de subsidios.
Además de las dificultades para cumplir con esta exigencia, desde el vamos el resto de los molinos se opuso a entrar porque temía que el Estado -como ya sucedió en 2011, con la fallida experiencia de las compensaciones de la ex ONCCA- terminara demorando los desembolsos y les ocasionara a las empresas un severo perjuicio financiero que dejara al borde de la quiebra a la mayoría, concentrando el mercado en menos manos.
Según alguna documentación que circuló en las últimas horas, Cañuelas ya comenzó a facturar la bolsa de harina triple cero a los mencionados 1.200 pesos, pero esto no es garantía de que las panaderías que reciban esa harina trasladen la rebaja a los precios finales del pan, pues la incidencia de esa materia prima no llega en ningún caso a más del 20% de los costos finales de una panadería, como la energía, la mano de obra, los alquileres y los impuestos. De todos modos, distintas asociaciones de panaderos alineadas políticamente con el gobierno, festejaron el inicio de este operativo.
Frente al planteo público de que no podían ser ellos los que financien al Estado en esta aventuras (que ciertamente no asegura una ayuda a aquellos sectores de la población afectados por el alza de precios de los panificados), Feletti desafió a los molinos y prometió adelantar el 75% de los recursos correspondientes, según el volumen de molienda declarada por ellos en los últimos tres años. De esa decisión surgió el precipitado pago de 1.400 millones de pesos del último viernes, de los cuales el 82% correspondió a Cañuelas, según surge del extracto publicado.
De todos modos, no fue el temor a las demoras del Estado el único detonante de que las tres cámaras de la industria molinera (FAIM, CIM y Apymimra) expresaran su rechazo público al mecanismo propuesto por Feletti desde diciembre pasado. Hay otros indicios en los que los molinos se apoyan para sospechar que el FETRA es un “traje a medida” para inyectar fondos frescos a una empresa concursada a la que, por esa misma razón, se le hace difícil conseguir quién le oferte el poco trigo disponible.
Una de esas razones extra es que en vez de subsidiar solo el costo del trigo para elaborar la harina Triple Cero, que es la que se utiliza para el pan común, en el Fideicomiso se incluyó a último momento otro tipo de harinas y subproductos de la molienda que se utilizan para elaborar panificados más refinados, e incluso las pre mezclas especiales. En esos rubros con mayor valor agregado Cañuelas es la líder indiscutida del mercado.
Frente al rechazo de las cámaras de la molinería, Feletti convocó el lunes pasado a una reunión de urgencia con los dirigentes del sector. Como no pudo torcer la decisión de los empresarios, luego informó que el Fideicomiso seguiría adelante porque finalmente los destinatarios del dinero no serían esas entidades intermedias sino finalmente las empresas que se adhirieran al mismo. Hasta ese momento, no se había dado a conocer el listado de empresas que se postulaban a cobrar los subsidios del FETA.
Esta situación es por lo menos llamativa: el propio Procedimiento establecido por Feletti para el funcionamiento del FETA establece una serie de pasos burocráticos o que no se cumplieron o que se precipitaron de modo notablemente rápido
