HACE UN AÑO EL PRESTIGIOSO HOSPITAL DE PEDIATRÍA PUBLICÓ UNA INTERESANTE NOTA
Hace sólo 5 días un joven, del cual se dijo extraoficialmente que era un menor de edad, se habría arrojado al paso de una formación ferroviaria en Vicente Casares muriendo en forma instantánea. La Comunidad del Corredor de ruta 205 está consternada por el hecho. Pero mucho más porque no es el primer caso del último tiempo. Jóvenes o adultos han tenido estas conductas sobre todo en Máximo Paz y mayormente en incidentes ferroviarios.

Pero quizá entre todas las preguntas que surgen ante el flagelo, una de ellas sea si se ignoran las señales de alerta o si, simplemente, se desconocen las mismas y por eso no se atienden. Precisamente sobre ésto, hace un año, el Hospital Garraham ha publicado un artículo para hacer docencia. Sin dudas que el potencial suicida da señales tempranas de sus intenciones. Ser capaces de poder identificar qué conductas o gestos son precisamente señales de alerta, es el desafío.
A continuación transcribimos la nota
Suicidio en adolescentes: cómo detectar señales de alarma
El suicidio es un fenómeno complejo, heterogéneo y multicausal —no está circunscripto a un padecimiento mental— al que se puede llegar por factores relacionados con el entorno, sociodemográficos o individuales. Es la segunda causa de muerte en adolescentes a nivel mundial, en muchos casos puede ser prevenido por familiares y profesionales de la salud teniendo en cuenta algunas señales de alarma visibles en la conducta.
En los últimos 30 años se triplicaron los casos de suicidio en la adolescencia. Según un estudio realizado por Unicef Argentina, en 2019 la cifra ascendió a 12.7 cada 100 mil adolescentes de entre 15 y 19 años. Después de la pandemia por coronavirus, los casos se incrementaron.
“Es importante no subestimar el tema, tenerlo muy en cuenta y saber que la mejor prevención es estar alertas y, en caso de que sea necesario, derivar a tiempo”, dijo la psiquiatra y jefa del Servicio de Salud Mental, Alejandra Bordato, quien estuvo a cargo de la presentación junto a las profesionales Corina Ponce y Vanina Nielsen.
Configuran intento de suicidio las conductas potencialmente lesivas, autoinfligidas y sin resultado fatal que muestran una evidencia de intencionalidad de provocarse la muerte. La ideación suicida, en tanto, contempla cualquier pensamiento sobre poner fin a la vida propia.
Según datos de la Sociedad Argentina de Pediatría de 2022, se suicidan más los adolescentes de entre 15 y 19 años que los de 10 a 14 y, si bien los varones tienen mayor tasa de letalidad (efectividad), la estadística indica que la relación de intentos de suicidio es de 1 varón cada 4 mujeres.
Otro dato relevante para el abordaje de estos pacientes es que la conducta autolesiva no siempre está acompañada por ideación suicida, algo que ocurre en el 17% de los adolescentes con autolesiones y predomina entre los chicos de 15 y 16 años.
Por ser un centro de alta complejidad, “el Garrahan trata a chicos que acuden por casos graves o a quienes están en seguimiento por sus patologías de base, ofreciéndoles un abordaje interdisciplinario que integra al individuo y a su familia”, indicó Bordato. Entre 2018 y julio de este año, egresaron del Hospital 79 pacientes tratados por intento o ideación suicida y autoagresiones. El resto de los pacientes son derivados a centros de menor complejidad o cercanos a los domicilios.
Desde la reglamentación de la Ley Nacional de Salud Mental Nº 26657 —que tiene como objeto garantizar el derecho a la protección de la salud mental y el pleno goce de los derechos humanos—, las personas con padecimiento mental deben recibir tratamiento en hospitales generales y no solamente en instituciones psiquiátricas.
Desarmando mitos
Los mitos o falta de información vinculada al suicidio funcionan como trabas a la hora de reconocer las señales de alarma. Por ejemplo, la idea de que quien anuncia el suicidio no lo va a ejecutar o el hecho de sobrevalorar mejoras tras episodios de crisis. “Hay que hablar y preguntar, darle lugar a que el chico se abra y cuente”, enfatizó la psiquiatra.
Algunas de las señales de alarma pueden ser detectadas por familiares o el entorno habitual del adolescente: la aparición de conductas y sentimientos como desesperanza, ansiedad, impulsividad o alto nivel de agresión son signos para prestar atención.
En ámbitos ajenos al círculo familiar, como colegios y clubes, es importante atender señales como disfunción familiar, historia de abuso sexual, situaciones de violencia física, rechazo social, aislamiento o victimización. El rechazo a la identidad u orientación sexual o el atravesamiento de una enfermedad grave son otros aspectos para considerar.
En ámbitos de salud, son atendibles los trastornos mentales tales como depresión, trastorno bipolar y estrés postraumático, entre otros.
Se hizo hincapié en el abordaje biopsicosocial que contempla factores biológicos, psicológicos, sociales y culturales. Una de las tendencias que predominan y que se busca revertir es brindar como primera respuesta médica a la crisis un tratamiento farmacológico: “Hay que ir de menos a más”, resaltaron las profesionales.
Frente a la detección de más de una señal se recomienda la concurrencia a centros de salud con guardias psiquiátricas para niños y adolescentes. En Capital Federal, por ejemplo, los hospitales Elizalde, Gutiérrez y Tobar García tienen guardias de psicólogos y psiquiatras las 24 horas.
