Escribe Gabriela De Santo (Licenciada kinesióloga y fisiatra-M.P 3009)


No hay reposo absoluto en nuestro cuerpo, ni siquiera en el descanso. La respiración, cada latido cardíaco, el sueño mismo y sus movimientos oculares, los procesos metabólicos a nivel celular, las transmisiones nerviosas y tanto más…nunca se detienen. Si lo hace, hay enfermedad o muerte. Allí, en el movimiento, está la respuesta, está la salud.
Pero no por ello es cuestión de moverse sin consideraciones, no todos necesitamos lo mismo, nos reconocemos como individuos con cuerpos construidos en una historia, personal y social, cuerpos que expresan y que habitualmente no escuchamos, no atendemos hasta que comienzan a doler como un grito o llamado de atención. Moverse bien es más importante que moverse mucho. De hecho el deporte de alto rendimiento no es necesariamente “saludable”
Cabe aclarar que las ACTIVIDADES diarias o las caminatas o las salidas en bicicleta, por mencionar algún ejemplo, son justamente eso, mientras que el EJERCICIO físico tiene una dosificación, es controlado y específicamente diagramado. Y por tal razón debería ser el que mayores beneficios conlleve y el que no ocasiona daños. Si una persona tiene dolores generalizados, fibromialgia por ejemplo, seguramente la actividad en el agua sea recomendable siempre que no tenga aversión por ello o problemas de piel que pudieran empeorar con esa indicación. O bien, un adulto con úlceras se verá muy beneficiado con una caminata regular y progresiva si es que sus rodillas no padecen de una artropatía que luego lo obligue a tomar medicación como consecuencia. La condición de hipertensión arterial merece movimiento, merece una prescripción exacta de los valores que puede alcanzar mientras se ejercita y dependerá de la medicación que toma incluso.

A nivel SISTÉMICO el ejercicio logra:
- Disminuir la pérdida de masa muscular o aumentarla
- Aumentar la resistencia a la insulina
- Mejora el perfil lipídico
- Disminuir el estado inflamatorio y disminuye los radicales libres
- Mejorar la salud cardiovascular
- Mejorar los procesos metabólicos
- Proteger a las articulaciones y mejora al sistema musculo esquelético
- Disminuir el stress
- Aumentar la eficiencia del sistema respiratorio

Si el ejercicio fuera una píldora, sería el medicamente más recetado
“Según la OMS, aproximadamente 3.2 millones de personas mueren a causa del SEDENTARISMO cada año. Las personas con poca actividad física corren un riesgo entre un 20-30% mayor que las otras de morir por cualquier causa. La actividad física regular reduce el riesgo de padecer depresión, enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes y cáncer de mama y colon”.
El sedentarismo es un factor de riesgo independiente, por encima de la obesidad y el sobrepeso. Por ello se puede preferir a una persona obesa activa por sobre una persona con normopeso y sedentaria.
Hay una idea errónea de pensar que los gimnasios están llenos de personas y que eso implica una vida con menos quietud. Lamentablemente los trabajos de oficina, los traslados vehiculizados, el mal descanso y la mala alimentación nos alejan de una vida sana, entendiendo que la sola ausencia de enfermedad no es salud sino que se necesita un bienestar físico, mental, social.
El ejercicio es una pata de la mesa. Hay que elegir cada día tener la voluntad de HÁBITOS que nos hacen bien y no esperar a que aparezca el síntoma. “La enfermedad es el esfuerzo de la naturaleza por curar al hombre” Carl Junt.
Los cambios hormonales, el envejecimiento, el sedentarismo, la obesidad, el tabaquismo y ciertas medicaciones favorecen la pérdida de masa muscular (sarcopenia). La disminución de fuerza (dinapenia), la fragilidad ósea, la alteración de las reacciones de equilibrio y actividades coordinativas. El cuerpo se adapta a la nueva situación y se pierden capacidades, ya no utiliza todo su potencial, se reducen los ángulos de movimiento, se mueve siempre de la misma manera, pierde la disociación y paulatinamente se va “oxidando”. Esto no tiene que ser así, muchas veces el temor a lesionarse o al dolor agravan el círculo vicioso.

Si a lo anterior le sumamos una vida estresante y enfermedades crónicas no transmisibles (DBT, HTA, dislipidemias, etc.) las células viven en un medio inflamatorio constante, intoxicadas, y condenadas al envejecimiento prematuro.
Pero por un momento pensemos en lo se expresó en un inicio, llegamos a la edad adulta con una construcción de nuestros cuerpo, se sabe que muchas patologías se inician en la infancia a pesar de que los síntomas no aparecen hasta la adultez, transcurren de manera silenciosa. Por ejemplo, se ha visto un incremento de diabetes tipo 2 en niños, con un porcentaje de prevalencia de un 2% a un 45% en diez años, así como podemos también hacer referencia a que el 15% de las personas con obesidad son niños/as.
Sobran las razones para iniciar una rutina de movimiento…simplemente…a ponerse en marcha en la medida de lo posible, bajo la supervisión de los profesionales correspondientes. El trabajo en equipo es fundamental.
