CÓMO PASA SU DETENCIÓN EL IMPUTADO POR ATACAR CON UN CUCHILLO A SU PAREJA LUISA GUILLERMO

EL HECHO

El 28 de julio a las 7.00 un llamado al 911 alertó a la Policía sobre un sangriento y alevoso ataque a cuchillazos de un hombre a una mujer en el barrio Los Aromos. El atacante, Cristian Montoya de 35 años  y la mujer Luisa Guillermo de 24. 

El hecho ocurrió en la vivienda ubicada en calle Juan XXIII 462 del barrio Los Aromos. El intento de femicidio se realizó con varias heridas de cuchillo tipo facón en varias zonas del cuerpo de la mujer que convivía con él, y que por suerte se recuperó rápidamente.

El hombre, fue detenido en el lugar de los hechos. Desde entonces, y sin declarar ante la Fiscalía por recomendación del abogado defensor, está alojado en la “celda del fondo” de los calabozos de la Comisaría 1° de Cañuelas.

Ni bien se cometió el hecho y como es de práctica, la Comisaría notificó al Juez de Garantías, a la Fiscalía en turno que dicta la detención y caratula la causa, y a la Defensoría Oficial para que designe inmediatamente un abogado al imputado ya que a las pocas horas es la indagatoria. Indefectiblemente el defensor recomienda no declarar. No hay tiempo de “armar” la defensa y es aconsejable que el acusado no se meta en problemas. Cristian como otros, no declaró en su casa “Intento de homicidio doblemente agravado por el vínculo y en contexto de violencia de género.

SU DETENCIÓN

Cristian transcurre sus largos días en la celda del fondo de los calabozos de la Comisaría 1°. Tras trasponer la reja principal del área de detenidos es necesario atravesar tres puertas de rejas más para llegar hasta él. Es un ambiente frío, húmedo y desolado. Aproximadamente 3.00 x 6.00 sus dimensiones. No tiene ventanas. Piso duro. Cada uno  de los diez detenidos que allí esperan, cuenta con un colchón ignífugo que se les provee. La precaución de que sea ignífugo es, obviamente, para evitar un incendio accidental  o intencional. Cada uno tiene sus escasas pertenencias tiradas en rincones en caso de las pocas ropas con que cuentan o acomodadas un poco más prolijas en caso de comida. Con un calentador a gas se cocinan sus comidas.

No tiene radio ni televisor. Comentan algunos que durante la última licencia del Comisario Gularte, el Jefe Policial que lo reemplazó permitía el ingreso de dispositivos electrónicos. Ahora ya no.

Al menos una vez al día y por unos veinte minutos se les permite el uso del celular. Nadie escucha qué ni con quién hablan, al menos oficialmente.

Como el resto de los reclusos que lo acompañan Montoya es la primera vez que entra a un calabozo. Los acompañantes, en su mayoría, están por causas leves, como violaciones a restricciones perimetrales. Por eso que, en general, allí el ambiente no es muy pesado. La convivencia es tranquila y pacífica. No suele haber conflictos y mucho menos revuelos. El trato entre Montoya y los guardias es cordial. Uno saben que ya está «guardado» y los otros sólo cumplen su trabajo. No existen problemas. El poco diálogo que existe es cordial.

Montoya se “adaptó” y el resto de los detenidos lo “aceptó” si pudieran usarse esas palabras. Es un tipo tranquilo, parco, callado. Se lo pasa muchas horas tirado en su cama sin hacer nada. En realidad mucho para hacer no hay.

Charlar entre ellos o con el guardia, o jugar a las cartas es toda su diversión. Allí, los días son eternamente largos. A pesar de haber conocido algunos detalles de su estadía carcelaria no podríamos decir si dialoga  con sus compañeros acerca del hecho que lo llevó hasta ahí.

Cristian Recibe mucha mercadería. Aunque las visitas para él no son muy frecuentes. La mayoría de las veces los allegados dejan en la guardia las bolsas con mercadería y se alejan.

Hasta donde pudimos saber continúa asistido por un defensor oficial. Ellos no visitan a sus clientes habitualmente. Distinto sería con un penalista particular. Pero son palabras mayores. Por el costo claro.

Ya habíamos informado que Cristian es un hombre retraído y serio. Lo mismo confirmamos ahora en su lugar de detención. Nos habían manifestado en el primer momento que no es mal tipo. Claro, acuchilló a su pareja. Pero como nos asesoró un penalista que no quiso dar su nombre “más allá de pasiones y sentimientos, hay que ver si hubo intento de asesinato o hubo una riña, con la poca información que tenemos pareciera que no hubo premeditación. Habría que establecer, y seguro lo intentará hacer quien sea su abogado defensor, si no hubo emoción violenta. El chico no se escapó después del incidente. Es impopular lo que digo pero el derecho no se maneja con emociones».

La Justicia es lenta. Demasiado. Sobre todo para las víctimas como Luisa que esperan que se obre como se debe, que las causas se muevan y que cada uno cumpla con su responsabilidad.