LA CULPA NO LA TIENE EL CHANCHO

Hay una Argentina que duele. Que mata. Que asquea. Que alimenta sus chanchos con carne humana. Una Argentina que tiene ministra de mujeres, secretario de derechos humanos, pero sólo para cobrar sus inmundos sueldos y hacer política nauseabunda. Que únicamente vieron violaciones de derechos en un gobierno de distinto signo. Que niegan los hechos que puede ver todo el mundo como las violaciones de Insfrán durante la pandemia. Una Argentina feudal en la que sus «propietarios» sumen a su población al más bajo grado de obedientes sin chances. Provincias que por medio de sus indeseables gobernadores peronistas eternizados en sus sillones manejan a su antojo a la gente por medio de planes, terror, empleo estatal, migajas, represión, enquiste en el poder. Y que cada vez más cometen actos atroces, deleznables, inhumanos, inescrupulosos.

Provincias en manos de los Insfrán, los Kirchner, los Rodríguez Saa, los Juárez o los Zamora, los Saadi del asesinato de María Soledad hace 33 años o los Capitanich del asesinato quizá más horrendo después de la dictadura militar del 76. El Capitanich que alimenta a sus cerdos con carne humana. El Capitanich del brutal femicidio de Cecilia. El Capitanich que fue Jefe de Gabinete de la entonces presidente Cristina. La misma Cristina que un tercio del país espera que les diga a quien votar, lo tiene como uno de sus preferidos.

El polémico, amado y odiado Juan Perón se hubiera animado a darle a los chanchos carne de sus enemigos? Podría haber llegado a tanto?

Vivimos en un país cada vez más difícil. Cada día más horrendo. En el que nunca se colma la capacidad de asombro. En un país en el que se apropiaron del emblema de los Derechos Humanos Néstor y familia, precisamente se llenaron de plata esquilmando deudores en la época de la desaparición de personas. Mientras, ellos miraban escrituras de propiedades para ponerlas a sus nombres.

Hoy, los medios nacionales taladran las mentes tratando de que Argentina despierte del letargo ciego y sordo. Del letargo que, a veces, pareciera asomar. Y ojalá,como el domingo en las elecciones chaqueñas, todo un país le diga NO a los escabrosos sucesos a los que ya parece estar resignándose gran parte del Pueblo. Que le diga NO a los inútiles pero delictuosamente hábiles detentores del poder que hambrea, del poder que quita la dignidad, pero fundamentalmente al poder que mata. Y al que luego de matar tira nuestros restos a los cerdos.