La escritora y poetisa cañuelense, nacida y criada en Gobernador Udaondo, quedó homenajeada con su nombre en una calle de la localidad que inspiró buena parte de su obra literaria.

Hay lugares que no se olvidan nunca. Para Isolina “Chola” Behrens de Rizzi, Gobernador Udaondo fue mucho más que el lugar donde nació: fue la tierra de su infancia, de sus primeros recuerdos y de muchas de las historias que, décadas más tarde, transformaría en poesía.

Ahora, ese vínculo quedó plasmado para siempre. El Honorable Concejo Deliberante de Cañuelas, durante la IX Sesión Ordinaria, aprobó por unanimidad el despacho de la Comisión de Cultura y Educación que establece la imposición del nombre de Isolina “Chola” Behrens de Rizzi a una calle de Gobernador Udaondo.

De esta manera, la localidad que tantas veces apareció en sus poemas vuelve a tenerla presente en sus calles.

Una infancia que se convirtió en poesía

Isolina Behrens de Rizzi nació el 12 de febrero de 1928 en Gobernador Udaondo, donde transcurrió su infancia y realizó sus estudios primarios. Provenía de una familia vinculada al trabajo rural y al tambo, un universo que dejó una profunda huella en su sensibilidad y que luego aparecería una y otra vez en sus escritos.

En 1945 se radicó en Cañuelas, donde formó su familia. Sin embargo, Udaondo permaneció siempre presente en su memoria y en su obra.

Su literatura nació de los recuerdos: los paisajes rurales, la naturaleza, los animales, las familias, los inmigrantes, las tareas del campo y, especialmente, aquellos personajes sencillos y entrañables que formaban parte de la vida cotidiana del pueblo.

La propia Biblioteca Digital de Cañuelas destaca que su producción llegó a reunir alrededor de un millar de poemas, entre libros publicados, trabajos artesanales e inéditos.

Una escritora de las cosas simples

La poesía de Chola Rizzi se caracterizó por un lenguaje sencillo, cálido y cercano. No necesitó grandes artificios para convertir una escena cotidiana en literatura.

Sus versos recuperaban aquello que muchas veces pasa inadvertido: un paisaje, una flor, un animal, un recuerdo familiar, una persona del pueblo o una escena de la vida rural.

En el prólogo de Un puñado de poesías y relatos, publicado en 2009, se destaca precisamente esa capacidad de transformar sus recuerdos y vivencias en textos atravesados por la sencillez y la calidez. Allí se señala que sus escritos recorren la infancia, la familia, el campo, la ciudad, las flores y las personas que dejaron alguna huella en su vida.

Su inspiración estuvo profundamente relacionada con aquella infancia campesina en Udaondo. Incluso al abordar la literatura infantil, sus recuerdos del pueblo y del mundo rural continuaron apareciendo como una fuente permanente de inspiración.

Una obra extensa

Chola publicó numerosos libros a lo largo de su trayectoria. Entre ellos se encuentran:

  • Perfume a tierra y cardales (2000)
  • Burbujas (2003)
  • Alas de cañaveral (2005)
  • Bajo el sol de Chiquilandia (2006)
  • Magia de otoño (2009)
  • Mi barca de sueños (2018)

A ellos se sumaron distintas ediciones artesanales de coplas y poesías infantiles, entre ellas Ronda de siete colores, Pinochuelo, Claro de luna, Trampolín y Copito rey del sol.

En Alas de cañaveral, la propia autora definía su poesía como sencilla y vinculaba su obra con las vivencias, los sueños y el deseo de ver crecer a su pueblo y a su gente.

Una mujer ligada también a la música

La literatura no fue su única pasión. Chola estuvo vinculada durante décadas con la música, el folklore y el canto coral.

Formó parte durante más de 40 años de agrupaciones corales, entre ellas las vinculadas al Centro Vasco Denak Bat y al Instituto Cultural Cañuelas. También incorporó canciones y elementos musicales a varios de sus poemarios.

Su trayectoria cultural recibió distintos reconocimientos. En 2003 fue homenajeada en la Legislatura bonaerense como mujer de Letras; en 2004 recibió una distinción de la Cámara de Senadores como mujer innovadora y en 2009 fue reconocida en la Casa de la Provincia de Buenos Aires por su aporte a la cultura.

Un homenaje que vuelve a unirla con Udaondo

Chola Rizzi falleció el 28 de noviembre de 2025, a los 97 años, pero su obra permanece como parte de la memoria cultural de Cañuelas.

Ahora, una calle de Gobernador Udaondo llevará su nombre.

Es, de alguna manera, un regreso simbólico a aquella tierra que nunca dejó de acompañarla.

La niña que recorrió sus calles, contempló sus paisajes y guardó en la memoria las historias de su gente terminó convirtiéndose en una escritora que, muchos años después, hizo de esos recuerdos materia de poesía.

Desde ahora, quienes transiten por una calle de Udaondo encontrarán también el nombre de “Chola” Rizzi. Y quizás, detrás de ese nombre, puedan descubrir a la mujer que dedicó buena parte de su vida a escribir sobre las pequeñas cosas que hacen grande a un pueblo.