SENTIMIENTOS ENCONTRADOS DE UN MISMO DÍA DE LA MUJER
Se despiertan en la mente varias sensaciones opuestas. ¿Bronca? quizá sea la más adecuada para explicar qué cosas produce el contraste visto este último 8 de marzo en que en el mundo se conmemoró el día de la Mujer. Es el mismo 8M para la diputada provincial Ayelén Rasquetti del Frente Renovador de Massa que bailó la cumbia mientras se pintaban caras y pelos y blandían pirotecnia de color en El Congreso. ¿Es lo mismo que para la madre de Vanesa Garay que siguió quebrándose casi sola y sin ningún funcionario en Plaza San Martín pidiendo justicia?


¿Es el mismo 8M para la dirigente local de la Cámpora Laura Alonso rodeada de «sus militantes» entre risas y poses para las fotos que probarían su asistencia sumisa frente al Palacio Legislativo Nacional? ¿Es eso lo mismo que para la familia y amistades de Vanesa Garay (que nunca fue buscada para evitarle la muerte) y allegados a otras víctimas fatales que caminaron sin rumbo una y otra vez por la Plaza de Cañuelas?
Claramente no es lo mismo. Claramente no es lo mismo un acto desgarrado por el dolor, por la impotencia, por la injusticia, por la bronca, la incertidumbre, las miles de preguntas sin respuestas, que un prolijo acto bien producido, con todo el folclore y la mística de un mero acto militante. Claramente no es igual «marchar» para dar testimonio de la angustia que hacerlo para dar el Presente frente a los líderes políticos. No se parecen en nada el reclamo en nombre del desgarro por la muerte cercana que el reclamo que -por suerte- en tantísimos casos no conoció una víctima. Nada es igual.

¿Es lo mismo que las dirigentes feministas hayan estado en CABA o que hubieran estado en Cañuelas acompañando el sufrimiento? Tampoco hubiera sido lo mismo. Pero no podía haber sido distinto. Porque de haberlo sido las personas no serían las que verdaderamente son. Y mal que nos pese, esas personas son precisamente «esas personas».
