PABLO MANA DESEMBARCÓ EN MALVINAS EL 2 DE ABRIL DE 1982 Y FUE FOTOGRAFIADO CON LA BANDERA INGLESA
“Me la llevo de recuerdo”, pensó aquella mañana fría en Malvinas. Rompió el cofre de la casa del gobernador Rex Masterman Hunt, tomó la bandera británica y salió con ella debajo del brazo. Con naturalidad, en una jornada de sensaciones y vivencias imborrables. Tres días después, en plena madrugada del 5 de abril, se bajó del ómnibus que lo traía de Bahía Blanca y empezó a caminar desde la terminal de su Vicuña Mackenna natal, en Córdoba, hasta el hogar. Apenas divisaba una luz en medio de la oscuridad: la del kiosko de Miguel Rava. Se acercó y vio una foto de la revista Gente, desplegada. No sabía bien por qué, pero la imagen le resultaba familiar. Había un soldado. Y una leyenda: “Nuestro Pablito Mana en Malvinas”. Un frío le recorrió el cuerpo. Llegó a la casa, despertó a la madre, que se largó a llorar porque no lo esperaba y tampoco sabía de él. Compartieron un abrazo eterno. Pablito tenía 19 años. Era el chico de la foto que recorrió el mundo el día de la toma de Malvinas, el 2 de abril de 1982. Una experiencia que lo marcó.



Mana recuerda cada instante de esa madrugada del 2 de abril, hace 40 años. “Nos dividieron en dos grupos. Uno fue a tomar la casa del gobernador; el otro, el destacamento de los Royal Marines, que fue de fácil captura porque todos se habían ido a cuidar la casa. Fueron 3 horas de tiroteo. En esa acción es donde cae el capitán Pedro Giacchino. Llegamos a verlo vivo, antes de que lo trasladaran al hospital, donde falleció. Tomamos la casa. Los ingleses se rindieron y cesó el fuego. Y ahí viene toda la historia de la bandera”.
-¿Cómo fue? ¿Quién te sacó la foto?
-Entramos en la casa junto con el teniente Tudury. Había una puerta, cerrada. Detrás se escuchaban voces. La abrimos de una patada y adentro nos encontramos con tres soldados ingleses comunicándose con Londres por un radio. Los tomamos prisioneros. Empecé a mirar más en detalle la oficina del gobernador y encontré en un cofre la bandera inglesa que iba a ser izada ese día. ¡No les dimos tiempo porque llegamos antes! Rompí el cofre y la saqué. Ahí fue cuando pensé “me la llevo de recuerdo”. Cuando salí, y de esto me enteré después, había un fotógrafo argentino que me sacó esa foto desde lejos. Fue una foto histórica. Pero yo no tenía ni idea hasta que no volví a mi pueblo y la vi en aquel kiosko en Vicuña, de madrugada.
Su relación con Cambiaso
Aunque no estuvo relacionado directamente con los caballos, Pablo Mana sabía bien de qué se trataba el tema. Su padre, Enrique, comercializaba equinos. Estaba conectado con el reconocido jugador, criador y exportador Eduardo Moore. Pero antes de vincularse de lleno con esta actividad, Pablo probó con los estudios. «Volví de la colimba -dice- y me puse a estudiar Ciencias Económicas, en Río Cuarto. Por mi personalidad, siempre fui bastante querido y de relacionarme fácil con la gente. No me fue muy bien en la carrera porque tenía más amigos de la calle y de la noche que de los libros (risas). Así que pegué la vuelta. Y un día lo conocí a Adolfito».
Por consejo de Gonzalo Pieres, su mentor en el ingreso en el polo de alta competencia y quien ya tenía un campo en la zona, Cambiaso adquirió un predio en el pueblo de Washington, a unos 30 kilómetros de Vicuña Mackenna. Es el lugar donde está el club que participó en la Triple Corona, liderado por Facundo Sola. Fue en 1997. “Le vendí un mulo para su campo y ahí empezó la relación. Lo veía más en el verano, ya que Cambiaso ama Washington. Es, te diría, su lugar en el mundo, allí donde pasa las fiestas con su familia y tiene la cría de caballos. Yo organizaba sus prácticas en el club, algunas exhibiciones, hasta que me ofreció venir para Cañuelas. Ahí paso entre tres y cuatro meses que son muy lindos. Estar en el día a día con estos jugadores que no paran de ganar títulos es algo impresionante”.
